domingo, 15 de febrero de 2026

O Antruido do burro. Valenza. Coristanco


En el corazón de la Costa da Morte, en la parroquia de Valenza, dentro del municipio de Coristanco, el entroido no es solo una fiesta: es memoria, identidad y comunidad.

Aquí la fiesta no gira en torno al espectáculo turístico, sino al reencuentro vecinal, a la retranca gallega y a esa mezcla perfecta entre crítica y diversión que define al entroido.

La figura del burro, en torno a la que gira la celebración, representa mucho más que el mundo rural. Es una metáfora viva. Tradicionalmente, el burro ha sido símbolo de trabajo duro, humildad… pero también de terquedad y, en clave popular, de cierta “ignorancia”. Y ahí es donde el entroido despliega su retranca.

Durante la celebración, el burro —a veces real, otras representado— se convierte en el centro de la fiesta. Se le rodea, se le canta, es objeto de bromas, de escenas teatrales improvisadas y de pequeñas performances cargadas de doble sentido.

La asociación Lourido organiza esta maravillosa tradición que se está recuperando. Los vecinos desfilan como Ghaláns, Madamas, Peliqueiros y Varreduiros, partiendo de la plaza de Castrobó y recorriendo la aldea. Después en la carpa se procede a bailar, comer los dulces típicos del entroido para que la foliada sea completa.

Un entroido auténtico y sin duda con un recorrido por delante maravilloso.











































 

lunes, 8 de diciembre de 2025

Pisa da Castaña 2025. Froxán. Lugo

Cada diciembre, Froxán parece detener el tiempo. No es magia —aunque huele un poco a ella—, sino la Festa da Pisa da Castaña, ese momento del año en que el Courel decide recordar al mundo que sus tradiciones no se guardan en vitrinas, sino que se pisan, se golpean y se celebran en comunidad.

Llegas al pueblo y lo primero que te recibe es el olor: humo del sequeiro, madera húmeda, castaña que lleva semanas esperando su momento de gloria. Los vecinos se mueven entre el bullicio con esa naturalidad de quien ha hecho esto toda la vida, y tú te quedas mirando, como quien intenta aprender sin molestar. Pero no pasa mucho tiempo antes de que alguien te diga: “Veña, colle o saco e proba ti tamén”. Y allí estás, golpeando castañas contra un tronco, sintiéndote parte de algo que existía mucho antes de ti y que, si hay justicia, seguirá existiendo mucho después.

La pisa es trabajo, sí, pero también es risa, es ritmo, es una especie de coreografía rural que termina siempre de la misma manera: con las castañas limpias en el bandoxo y la gente compartiendo comida, historias y alguna que otra anécdota exagerada —porque en Galicia la realidad siempre mejora con un poco de literatura.

Lo mejor de todo es que la fiesta no busca deslumbrar; no necesita artificios. Se limita a recordarte que la vida también se teje con gestos antiguos, con manos que trabajan juntas y con un paisaje que insiste en ser parte de la historia. Froxán, en esos días, no es un lugar: es una memoria viva, y tú tienes la suerte de entrar en ella.































 

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