Si se va a la Bretaña, Dinan ha de ser
parada obligatoria. Para nosotros fue el gran descubrimiento ya que
tanto de Rochefort como de Locronan esperábamos mucho. Dinan es tan
bella como las anteriores y más grande. Hay mucho que ver y la mejor
manera es recorrer sus callejuelas con sus casas de entramado de
madera, algunas de ellas espectaculares. La ciudad estaba llena de
artistas y músicos callejeros que hacían que cada poco tuvieras que
parar para empaparte del ambiente que se respiraba. La torre del
reloj, el castillo, las murallas, la basílica de Saint-Sauveur...
todo ello maravilloso. Pero sin duda lo mejor de Dinan es la Rue du
Jerzual. Esta calle une el puerto que está en el río La Rance con
la parte alta de la ciudad desde hace diez siglos. La calle está
llena de talleres de artesanos y descender hasta llegar al puerto es
sencillamente indescriptible. Cada metro recorrido es un tesoro para
la vista. Al llegar al río se desemboca en el puente viejo, de casi
mil años. Nosotros tuvimos la ocasión de hacer un pequeño crucero
por La Rance para ver las esclusas que permiten la navegación. Por
la orilla los ciclistas nos saludaban ya que un vía habilitada corre
paralela al río. Algunos músicos ambulantes tocaban sus canciones
dándole un aire de lo más bohemio a todo el recorrido. Volver a
subir Jerzual cuesta algo más por su pendiente pronunciada, pero es
igual de bonito. Si volvemos en alguna ocasión a la Bretaña,
trataremos de ver cosas que en este viaje no vimos, pero a lo que no
renunciaremos es a recorrer otra vez Dinan, un pueblo del que es
imposible olvidarse.
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miércoles, 20 de septiembre de 2017
miércoles, 13 de septiembre de 2017
Saint-Malo. Bretaña. Francia
Saint-Malo es una de esas ciudades que
honra a su pasado. Con un centro histórico totalmente amurallado, su
paseo por los bastiones de la muralla permite rodear la ciudad y
contemplarla en todo su esplendor. Saint-Malo es conocida como Madame
la Corsaria, por haber sido puerto principal en esa época. Mucha es
la historia que atesoran sus piedras. Se declaró independiente de
Francia y durante cuatro años fue la Republica de Saint-Malo, para
acabar anexionándose al ducado de Bretaña. Tras el desembarco de
Normandía los alemanes se atrincheraron aquí y la ciudad fue
bombardeada intensamente. Destruida en su mayor parte fue
reconstruida por sus habitantes, lo que da prueba de el espiritu
luchador de esta gente. La costa es bellísima, con sus playas y
piscinas naturales, salpicada de faros y balizas y con algunos
fuertes militares. La personalidad de esta ciudad queda patente
cuando recorres sus calles y plazas salpicadas de artistas callejeros
que le dan una rica vida cultural. Saint-Malo es una de las ciudades
más visitadas de toda Bretaña y solamente recorrer sus murallas
hacen que esta visita sea especial. Además hemos de decir que aquí
hemos comido el mejor brioche que hemos probado, lo cual es un gran
punto a su favor.
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