sábado, 6 de octubre de 2012

Santa Uxía de Ézaro. Dumbría (A Coruña)



La pequeña aldea de Santa Uxía tiene un enclave privilegiado. A orillas del embalse del mismo nombre un puñado de casas, muchas ya abandonadas, gozan de un entorno natural maravilloso. El embalse de Santa Uxía es el último que retiene al río Xallas y también el más grande. Encajonado por el Monte Pindo desde aquí el Xallas desemboca en la espectacular cascada de Ézaro.
La aldea tiene una pequeña iglesia del siglo XVIII en la que quizás lo más llamativo sea la torre de las campanas. Casas de gruesos muros y antiguos hórreos son el paisaje de este pueblo. Dos pequeños perros de uno de los pocos vecinos que quedan nos salieron al encuentro para saludar a Roi. Uno había sido atropellado y estaba cojo, pero ese precisamente fue el que nos acompañó todo el rato. Una casa de turismo rural restaurada permite alojarse en este lugar en el que el pantano y las originales formas del Monte Pindo presiden cada rincón. Un lugar donde la tranquilidad reina en cada piedra de esta aldea escondida en uno de los paisajes más bellos de Galicia.










lunes, 1 de octubre de 2012

Playa de Caneliñas. Cee (A Coruña)

 
En la parroquia de Gures, entre Ézaro y Cee se encuentra una pequeña ensenada que desprende una magia especial. Nos referimos a Caneliñas, un pequeño paraíso rodeado de mar y de rocas que cuentan que el Monte Pindo se halla cerca. Un puñado de pequeñas casas se encuentran en el acceso hasta la playa, donde la tranquilidad es casi total. Los amantes de la soledad o de los rincones tranquilos tienen aquí un paraje que colmará sus expectativas.
Sin embargo no siempre fue así. Hasta hace poco menos de treinta años Caneliñas fue un importante puerto ballenero con una industria que tenía decenas de empleados. Los barcos iban y venían con su carga, y había un constante trasiego de camiones transportando la mercancía. Incluso maestros balleneros japoneses enseñaban a los trabajadores como había que cortar los cetáceos. Pero esa época pasó y hoy solo quedan las ruinas de la antigua factoría ballenera.
Puede verse la vieja rampa por la que se subían las ballenas y todo el entorno tiene algo que parece decir que aquí se detuvo el tiempo.
La paz que respira en esta pequeña playa la hemos notado en muy pocos sitios y eso hace de Cañeliñas un lugar mágico para nosotros.










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