jueves, 29 de noviembre de 2012

Monasterio de Lourenzá (Lugo)


El monasterio de San Salvador de Lourenzá data del siglo X y fue fundado por Osorio Gutiérrez, llamado el Conde Santo, cuyo sarcófago está en una de las capillas de la iglesia de Santa María, dependencia del monasterio.
Es sin duda el monumento más importante del concello y un magnífico ejemplo del barroco gallego.
Declarado monumento histórico-artístico en 1974, se sabe que en el siglo XII pasó a la orden benedictina. Como sucediera con tantos otros monasterios, con la desamortización de Mendizábal el lugar es abandonado y su biblioteca desmantelada. Uno de sus claustros sufrió un incendio y no fue hasta el año 1910 cuando una comunidad de monjes volvió a ocupar el templo y lo restauró.
Destaca la fachada de la iglesia de Santa María, acabada por Casas Novoa como ensayo de la fachada del Obradoiro en Santiago.
Lo que antiguamente fue la cámara abacial hoy es el ayuntamiento. También podemos visitar un importante Museo de Arte Sacro.
Así que si pasáis por esta zona, San Salvador de Lourenzá bien merece un pequeño alto en el camino.






lunes, 26 de noviembre de 2012

Capela da Mota. Arzúa (A Coruña)

En Arzúa hay una pequeña capilla en el lugar de A Mota, en la parroquia de Santo Estevo, donde se celebran cada año tres romerías que congregan a multitud de vecinos. La llamada Mota Pequena se celebra el 24 de agosto, San Bartolomé. Aunque ésta es cada vez más grande pues en verano van muchos turistas. La tercera y última es el 28 de octubre, San Simón. Pero la más importante es la segunda, la llamada Mota Grande, el 21 de septiembre, San Mateo. Incluso muchos de los emigrantes que marcharon a todos los puntos de España vuelven para celebrar una romería en la que antiguamente había una tradición por la cual los lugareños predecían como sería el invierno entrante: las Témporas de A Mota.
Como la romería se celebra el último día de verano, ésta era una forma de prepararse para el invierno en una zona donde el clima es vital para la agricultura y ganadería.
La fiesta duraba toda la jornada y al llegar la medianoche, un hombre era el encargado de encender un cigarro. Cuando esto sucedía, todos los demás hombres allí reunidos lo imitaban y fumaban. Observaban atentamente hacia donde se dirigía el humo para conocer la dirección del viento. Si era del sur, sería un invierno benévolo y con menos lluvia; si por el contrario era del norte, sería un otoño con mucha agua y un invierno muy crudo, donde las lareiras estarían siempre encendidas.
Los más viejos del lugar dicen que siempre acertaban, incluso que era más fiable que ahora.
Sea como fuere, es una tradición ya perdida, pero hay que recordar que mucha de la sabiduría popular sigue estando plenamente vigente, aunque la disfracemos de modernidad.






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