sábado, 20 de enero de 2018

Festa dos Fachós. Castro Caldelas. Ourense


Cada 19 de enero Castro Caldelas celebra una de las fiestas más antiguas de toda España. Se trata de “ A festa dos fachós”. Al lado de la iglesia se prepara una gran pira de leña, y entre los habitantes y visitantes se reparten pequeños hatillos de paja, os fachós. Durante los días previos se prepara un gigantesco fachón de más de cuarenta metros de largo, que es llevado hasta la iglesia por los valientes portadores. Una vez allí se prende por un extremo y recorre las callejuelas de la villa alrededor del castillo con todas la iluminación apagada para realzar más el trayecto. Durante el recorrido el enorme fachón se va quemando y es verdaderamente peligroso para los que están justo debajo del fuego. Cantidades de pavesas y chispas caen sobre los porteadores y sobre el público que sigue el recorrido. Es algo muy espectacular. Cada poco tienen que hacer una pequeña parada para sacudir el extremo prendido y que el fachón siga quemándose. Todos van gritando vivas a Castro Caldelas y a San Sebastián. Después regresan hasta la iglesia donde ya arde la pira y allí enroscan el resto del fachón para que acabe de quemarse. Todos los habitantes se acercan para arrojar sus fachós a la hoguera, creando un espectáculo mágico. Para acabar se reparten chorizos a la brasa y vino y la fiesta continúa hasta altas horas de la madrugada.
Nos encantó disfrutar de esta antiquísima celebración que tiene su origen cuando siglos atrás la peste asoló esta villa, los aldeanos pidieron a San Sebastián que intercediera, y el fuego se utilizó para quemar las pertenencias de los afectados. Esta es al menos la hipótesis más aceptada. De cualquier forma es una fiesta maravillosa a la que hay que asistir alguna vez.


























martes, 21 de noviembre de 2017

Ferreiroá. Portomarín. Lugo



 La sequía que atraviesa Galicia en los últimos meses ha dejado al descubierto el lecho de numerosos embalses. Uno de ellos es el de Belesar en Portomarín, en Lugo. Pueden verse los restos del antiguo pueblo de Portomarín que fue trasladado más arriba, a su ubicación actual. Se puede pasear por el borde del río Miño y contemplar todo lo que normalmente queda bajo las aguas. Nosotros nos acercamos esta vez hasta el pueblo sumergido de Ferreiroá, a unos dos o tres kilómetros siguiendo el río. Es impresionante ver las casas que algunas aún conservan paredes y ventanas de piedra, incluso un pequeño puente que unía los dos lados del pueblo. Pasear por entre las ruinas es toda una experiencia y para nosotros fue un gran descubrimiento pues no conocíamos la existencia de Ferreiroá. Cuando las aguas vuelvan a llenar el embalse, estas piedras volverán a quedar ocultas por completo, para volver a maravillar a todos aquellos que se acerquen a verlo cuando empiece a asomar de nuevo por la falta de lluvia. A pesar de que el día era claro y despejado el pueblo tenía un aire fantasmal, solitario y derruido en medio de ninguna parte. En Portomarín aún queda gente que llegó a vivir aquí, antes de la inundación. Si tenéis ocasión y queréis ver un pueblo sumergido, pocos tendrán la atracción de Ferreiroá, un lugar olvidado que de vez en cuando sale a la superficie para recordarnos que hubo un tiempo en el que existió.



































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