miércoles, 20 de septiembre de 2017

Dinan. Bretaña. Francia


Si se va a la Bretaña, Dinan ha de ser parada obligatoria. Para nosotros fue el gran descubrimiento ya que tanto de Rochefort como de Locronan esperábamos mucho. Dinan es tan bella como las anteriores y más grande. Hay mucho que ver y la mejor manera es recorrer sus callejuelas con sus casas de entramado de madera, algunas de ellas espectaculares. La ciudad estaba llena de artistas y músicos callejeros que hacían que cada poco tuvieras que parar para empaparte del ambiente que se respiraba. La torre del reloj, el castillo, las murallas, la basílica de Saint-Sauveur... todo ello maravilloso. Pero sin duda lo mejor de Dinan es la Rue du Jerzual. Esta calle une el puerto que está en el río La Rance con la parte alta de la ciudad desde hace diez siglos. La calle está llena de talleres de artesanos y descender hasta llegar al puerto es sencillamente indescriptible. Cada metro recorrido es un tesoro para la vista. Al llegar al río se desemboca en el puente viejo, de casi mil años. Nosotros tuvimos la ocasión de hacer un pequeño crucero por La Rance para ver las esclusas que permiten la navegación. Por la orilla los ciclistas nos saludaban ya que un vía habilitada corre paralela al río. Algunos músicos ambulantes tocaban sus canciones dándole un aire de lo más bohemio a todo el recorrido. Volver a subir Jerzual cuesta algo más por su pendiente pronunciada, pero es igual de bonito. Si volvemos en alguna ocasión a la Bretaña, trataremos de ver cosas que en este viaje no vimos, pero a lo que no renunciaremos es a recorrer otra vez Dinan, un pueblo del que es imposible olvidarse.













































miércoles, 13 de septiembre de 2017

Saint-Malo. Bretaña. Francia

Saint-Malo es una de esas ciudades que honra a su pasado. Con un centro histórico totalmente amurallado, su paseo por los bastiones de la muralla permite rodear la ciudad y contemplarla en todo su esplendor. Saint-Malo es conocida como Madame la Corsaria, por haber sido puerto principal en esa época. Mucha es la historia que atesoran sus piedras. Se declaró independiente de Francia y durante cuatro años fue la Republica de Saint-Malo, para acabar anexionándose al ducado de Bretaña. Tras el desembarco de Normandía los alemanes se atrincheraron aquí y la ciudad fue bombardeada intensamente. Destruida en su mayor parte fue reconstruida por sus habitantes, lo que da prueba de el espiritu luchador de esta gente. La costa es bellísima, con sus playas y piscinas naturales, salpicada de faros y balizas y con algunos fuertes militares. La personalidad de esta ciudad queda patente cuando recorres sus calles y plazas salpicadas de artistas callejeros que le dan una rica vida cultural. Saint-Malo es una de las ciudades más visitadas de toda Bretaña y solamente recorrer sus murallas hacen que esta visita sea especial. Además hemos de decir que aquí hemos comido el mejor brioche que hemos probado, lo cual es un gran punto a su favor.
 



























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