Hay ferias que saben a tradición, a producto de la tierra y a esas pequeñas cosas que hacen que merezca la pena acercarse a un pueblo. La XVI Feira do Mel e do Queixo de Goente, en As Pontes de García Rodríguez, fue una de esas citas en las que la gastronomía, la artesanía y las costumbres populares se dieron la mano.
La miel y el queso fueron, como no podía ser de otra manera, dos de los grandes protagonistas de la jornada. Entre los puestos, los visitantes pudieron descubrir productos locales, acercarse a la artesanía y disfrutar de ese ambiente de feria en el que siempre hay algo que mirar, algo que probar y alguna conversación que llevarse a casa.
Este año, además, hubo un invitado especial llegado de Asturias: el Museo de la Sidra de Nava, que puso el toque asturiano a la celebración. No faltó el escanciado de sidra, todo un ritual que despertó la curiosidad de quienes se acercaron a conocer un poco más de esta tradición.
Y si hablamos de tradición gastronómica, uno de los momentos más llamativos fue el corte de un queso de nada menos que 105 kilos, elaborado por Queixerías del Eume. Para semejante pieza no servía cualquier cuchillo: el queso se cortó con una cuerda de piano, una manera tan curiosa como vistosa de repartir un producto que, por tamaño, ya merecía por sí solo un buen rato de atención.
La feria también tuvo espacio para demostraciones de showcooking que acercaron la cocina al público y mostraron las posibilidades de los productos protagonistas. Porque una cosa es verlos en el puesto y otra descubrir cómo se transforman en la cocina.
Los más pequeños tampoco se quedaron al margen. Entre las actividades infantiles, pudieron elaborar sidra con un pequeño lagar, una forma divertida de acercarse a los procesos tradicionales y descubrir, jugando, cómo se preparaba esta bebida antes de que todo pasara por máquinas y grandes instalaciones.
Entre la miel, el queso, la sidra, los puestos de artesanía y las actividades para todas las edades, Goente volvió a ofrecer una jornada de esas que mantienen vivas las ferias de siempre, pero que también encuentran la manera de renovarse y atraer a públicos diferentes.
Porque al final, más allá de los productos y las demostraciones, estas citas tienen algo que no se compra ni se envasa: el encuentro, la curiosidad y el placer de disfrutar de lo nuestro sin demasiadas complicaciones.
Y en Goente, entre una cucharada de miel, un trozo de queso y un culín de sidra, había motivos de sobra para quedarse un rato más.

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